Hoy a la hora de comer, de camino a casa, me he encontrado con una antigua AMIGA. ella continúa tan preciosa como cuando éramos unos críos... charlábamos trivialmente y ya, cuando se despedía me ha dicho con un sonrisa: "...pero, ¿y tú?... ¡tú sí que estás igual que antes!" .

Y con su dulce sonrisa ha reanudado su camino... y yo allí plantado, perplejo, no he sabido si sentirme halagado... o preocupado...

Al llegar a casa, me he preparado unos ravioli rellenos de queso con una salsa de aceite de oliva, orégano, perejil, almendras picaditas y unas gotitas de vinagre de Módena... después de comer, me he quedado ya mucho más tranquilo...