me pasó hace unos días. a mediodía, de vuelta al trabajo después de comer con mis papis en el pueblo. el trayecto: unos quince kilómetros por autovía hasta la fábrica, apenas diez/quince minutos. el solecito de frente, el calorcito me amodorra… en eso que me dispongo a adelantar a un coche, es del mismo modelo, del mismo color… que el que yo tenía… y cuando estoy a su altura, ladeo mi cabeza y con un gesto intuitivo y rápido miro a su conductor… son solo dos segundos… pero por un momento me veo a mí sentado al volante de ese coche, pero no soy yo, soy yo como era en el noventa y siete, soy el que se compró ese coche familiar, tan esperanzado, tan ilusionado… sobresaltado salgo de mi modorra, levanto el pie, curioso vuelvo a mirar, veo a un hombre mayor que sonríe afablemente mientras conduce… inquieto y aliviado piso el acelerador, sonrío mientras mi coupé deja atrás mi pasado más reciente…

al llegar al trabajo apunto en mi agenda:

¿es cierto qué depositamos nuestras esperanzas en lo que nos compramos, coches, ropa, etc… para que nos ayuden a realizar nuestros sueños?